Por: Neftalì Hernàndez Pereira
El Palacio Nacional de El Salvador fue escenario de un brunch conmemorativo del Día Nacional de la Oración, evento que reunió al presidente Nayib Bukele, al presidente de la Asamblea Legislativa Ernesto Castro, y al presidente de la Corte Suprema de Justicia Henry Contreras, junto a una delegación de congresistas estadounidenses, mayoritariamente republicanos y un representante del Partido Demócrata.
Este evento fue impulsado por la Próspera Foundation que reunió a líderes políticos nacionales e internacionales, entre ellos Representantes y Senadores de los Estados Unidos, tanto del Partido Republicano como del Partido Demócrata.
Dicho encuentro forma parte de una tradición de liderazgo espiritual de alcance internacional, originada en 1953, cuando el entonces Presidente de los Estados Unidos, Dwight Eisenhower, convocó a su gabinete y a líderes nacionales a un espacio de oración y reflexión. Desde entonces, esta iniciativa se ha consolidado como una cita anual que congrega a miles de participantes, incluyendo al presidente en funciones, miembros del Congreso, líderes internacionales y referentes de distintos sectores.
Durante su intervención, el presidente Bukele hizo alusión al papel de la oración en momentos cruciales de su administración, particularmente en la aprobación del régimen de excepción en 2022, medida que vino a reforzar el Plan Control Territorial implementado por su gobierno. El mandatario defendió los resultados de esta política de seguridad, asegurando que ningún civil fue asesinado durante la vigencia del régimen de excepción.
Capturas durante el regimen de excepcion
Sin embargo, esta afirmación contrasta con los informes presentados por organizaciones de derechos humanos, que han documentado la muerte de aproximadamente 400 personas inocentes en cárceles de todo el país. Ante estas acusaciones, el presidente Bukele ha declarado que 8,000 personas inocentes fueron liberadas del sistema penitenciario, en un intento por demostrar que su gobierno ha corregido errores en la aplicación de la medida excepcional.
El evento adquirió tintes de fervor religioso cuando los congresistas invitados exhortaron a utilizar la oración como herramienta y guía espiritual en las sesiones legislativas. Algunos legisladores estadounidenses fueron más allá, profetizando sobre El Salvador como portador del nombre de Jesucristo, en referencia a la traducción literal del nombre del país.
Origenes de “El Salvador” como nombre y pais independiente
Esta interpretación, sin embargo, no se ajusta a la realidad histórica. Según historiadores especializados en la región, el nombre del país proviene del señorío de Cuzcatlán o Kuskatan, cuyo significado en náhuat posiblemente sea “tierra de cosas preciosas” en español. La denominación actual fue impuesta durante la colonización española, como parte del proceso de evangelización católica que caracterizó la conquista.
La historia salvadoreña registra momentos en los que el país no gozó de plena independencia. Entre 1894 y 1898, El Salvador se unió a Honduras y Nicaragua para formar la República Mayor de Centroamérica. Este proyecto unionista se disolvió tras la llegada al poder de Tomás Regalado, quien derrocó a Rafael Gutiérrez, principal impulsor de la unión centroamericana.
Historia de la religión en El Salvador
El panorama religioso en El Salvador ha experimentado transformaciones significativas en las últimas décadas. Según datos recientes de una encuesta realizada por la Universidad Francisco Gaviria (UFG), el país se ha convertido mayoritariamente evangélico, con un 47% de la población que profesa esta religión, seguido por una histórica baja del 38% para los católicos.
Tanto la religion evangelica y catolica representan una buena parte de la poblacion siendo las dos religiones mas grandes del pais, sin embargo en El Salvador se profesan otras religiones diferentes al cristianismo como el hinduismo, religiones asiaticas, el ateismo, en menor medida el islam, y otras religiones indigenas.
Este cambio representa un giro dramático en la composición religiosa de un país que, durante toda su historia colonial y republicana, había sido mayoritariamente y tradicionalmente católico debido a la imposición de esta religión durante la conquista española.
Catolicismo Salvadoreño
Los eventos católicos marcaron profundamente la historia salvadoreña. Figuras como el sacerdote Matías Delgado, quien dio el primer grito de independencia, ejemplifican el rol protagónico del clero católico en la formación de la nación. Las fiestas patronales, el nombramiento de párrocos, capellanes y arzobispos, así como tradiciones como el reparto de comida y la celebración de fiestas en honor al santo patrono, configuraron la identidad cultural del país.
Sin embargo, a mediados del siglo XX, la Iglesia Católica en El Salvador se inclinó hacia la justicia social, estableciendo alianzas contra las oposiciones derivadas de la instalación de gobiernos militares. La adopción de la Teología de la Liberación generó desconfianza en sectores de la población, que percibieron un involucramiento excesivo de la religión en la política.
Figuras como Monseñor Oscar Arnulfo Romero, Rutilio Grande, Ignacio Ellacuría, Cosme Spessotto, Rogelio Ponseele, Segundo Montes, Fabio Colindres, José Escobar Alas, Francisco Peccorini y Flavian Mucci se convirtieron en los personajes más influyentes del catolicismo salvadoreño, muchos de ellos mártires de la guerra civil que azotó al país entre 1980 y 1992.
Protestantismo Salvadoreño
Del lado evangélico, el crecimiento cobró fuerza a partir de las décadas de 1990 y 2000, experimentando una explosión total en la década de 2010. Tras la llegada de la izquierda al poder, los índices de delincuencia se dispararon, fenómeno que algunos analistas relacionan con el aumento en la creencia evangélica, que ofrecía respuestas espirituales a la crisis de seguridad.
No obstante, las denominaciones evangélicas operaban en el país desde los años 70. La Misión Cristiana Elim, traída desde Guatemala, con su pastor más conocido Mario Vega, y el Tabernáculo Bíblico Bautista del pastor Edgardo López Beltrán, mejor conocido como Hermano Toby, fundada aproximadamente en 1977 y actualmente administrada por su hijo Edgardo López Beltrán Jr., son consideradas las dos iglesias más fuertes del país de carácter nacional.
En el ámbito internacional operan denominaciones como Asambleas de Dios, Iglesia de Dios, Mormones, Testigos de Jehová y Adventistas del Séptimo Día. Tradicionalmente ha existido una denominación casi no vista en muchos países, llamada “proféticos”, cuya creación es desconocida según la historia. Esta iglesia mezcla ramas pentecostales y proféticas durante sus cultos, caracterizándose por ser extremista en comparación con otras denominaciones.
Los feligreses de las iglesias proféticas deben usar vestimenta formal, las mujeres portan mantilla en sus cabezas, y se emplea el trato de “varón de Dios” hacia los líderes religiosos. La iglesia evangélica se denomina como apolítica, de fe, anti-tradiciones, anti-LGBT, pro-valores y pro-familia, basándose en el temor de Dios y el seguimiento literal de la Biblia.
Según algunos reportes no especificados, la iglesia evangélica habría sido introducida por la CIA para combatir la ideología católica de la Teología de la Liberación y promover la despolitización religiosa, aunque esta teoría carece de documentación oficial que la sustente.
La iglesia y el estado
La relación entre la Iglesia Católica y el Estado salvadoreño ha sido históricamente compleja y dinámica. Desde la época colonial hasta la actualidad, esta interacción ha oscilado entre momentos de colaboración estrecha y periodos de tensión significativa. Durante la guerra civil (1979-1992), la Iglesia jugó un papel fundamental en la defensa de los derechos humanos, particularmente bajo el liderazgo del Arzobispo Óscar Arnulfo Romero, cuyo asesinato en 1980 marcaó un punto de inflexión en la historia nacional. La Iglesia se convirtió en voz de los sin voz, denunciando las violaciones a los derechos humanos y abogando por la justicia social, lo que generó tanto admiración popular como conflictos con sectores del poder político y militar.
Con la llegada de Nayib Bukele a la presidencia en 2019, la relación entre Iglesia y Estado ha experimentado nuevas dinámicas. El gobierno actual ha buscado mantener canales de diálogo con las autoridades eclesiásticas, particularmente en temas relacionados con la seguridad ciudadana y programas sociales.
Sin embargo, también han surgido tensiones cuando líderes religiosos han expresado preocupaciones sobre el estado de derecho, la concentración de poder y el respeto a las instituciones democráticas. La Iglesia Católica, junto con otras denominaciones cristianas, ha mantenido su tradicional papel de mediadora social, aunque con un perfil más cauteloso que en décadas anteriores.
Desafíos y Oportunidades Actuales
En el contexto del actual gobierno, la relación Iglesia-Estado enfrenta desafíos particulares relacionados con la implementación del régimen de excepción y las medidas de seguridad que han generado debates sobre derechos humanos. Mientras el gobierno ha recibido apoyo popular por sus políticas contra las pandillas, algunos sectores eclesiales han expresado preocupación por posibles abusos y la necesidad de garantizar el debido proceso. Al mismo tiempo, existe colaboración en áreas como programas de rehabilitación, asistencia social y trabajo comunitario. Esta dualidad refleja la complejidad de una relación donde ambas instituciones buscan el bienestar de la población salvadoreña, aunque desde perspectivas y métodos que no siempre coinciden plenamente, manteniendo un diálogo necesario pero a veces tenso en la construcción del futuro del país.
El brunch en Palacio Nacional evidencia la creciente importancia que el gobierno de Bukele otorga a los vínculos religiosos, tanto a nivel nacional como internacional, en un contexto donde la fe evangélica gana terreno y se entrelaza cada vez más con el discurso político oficial.
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