Luciérnagas en El Mozote debuta en Cines

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Por: Neftali Hernandez Pereira


La sala de cine se sumerge en el silencio mientras los créditos finales de “Luciérnagas en El Mozote” recorren la pantalla. Estrenada en diciembre de 2025, esta producción cinematográfica salvadoreña de un millón de dólares confronta uno de los episodios más oscuros de la historia centroamericana: la masacre de El Mozote, donde según la Comisión de la Verdad, aproximadamente mil personas fueron asesinadas entre el 10 y 12 de diciembre de 1981 por miembros del (BIRIA) Batallón Atlacatl en el oriental departamento de Morazán, norte del distrito de Meanguera, en las cercanías de Joateca.

La película, que tardó tres años en producirse desde su filmación en 2022 hasta su estreno público, representa un hito en el ciclo histórico del cine salvadoreño.

Basada en el libro homónimo del venezolano Carlos Henríquez Consalvi y el estadounidense Mark Danner, la cinta reconstruye los acontecimientos de aquellos días de diciembre que marcaron uno de los capítulos más sangrientos de la guerra civil salvadoreña.

Un elenco internacional para una historia nacional

La producción cuenta con la participación de actores de reconocimiento internacional. La española Paz Vega interpreta a una guerrillera que asume la responsabilidad de proteger a un niño huérfano, víctima de la masacre.

Mena Suvari encarna el papel de una periodista del New York Times, mientras que Juan Pablo Shuk y diversos actores salvadoreños entre ellos Mateo Honles que interpreta al niño huerfano y de otras nacionalidades completan el elenco en diferentes roles. Esta combinación de talento internacional y local busca dar alcance global a una tragedia que durante décadas permaneció en las sombras.

El proyecto fue impulsado por el productor Oscar Ernesto Melara, quien tambien produjo Malacrianza, La Palabra de Pablo y La Balada de Hortensia. lamentablemente falleció antes de poder ver su obra estrenada en las salas de cine.

Su visión de llevar esta historia a la gran pantalla contó con el apoyo del gobierno nacional, la empresa privada y diversas celebridades de Hollywood, evidenciando el interés internacional por preservar la memoria histórica de estos acontecimientos.

Las versiones contradictorias de una tragedia

La masacre de El Mozote ha sido objeto de controversia desde su ocurrencia. Mientras la Comisión de la Verdad estableció que los hechos se desarrollaron entre el 10 y 12 de diciembre de 1981, con un saldo aproximado de mil víctimas civiles a manos del Batallón Atlacatl juntos con otros BIRIA—fundados ese mismo año tras la ofensiva guerrillera del 10 enero de 1981—, existen versiones alternativas que han generado debate durante décadas.

El ex coronel y diputado Sigifredo Ochoa Pérez ofreció declaraciones que contrastan con el informe oficial. Según su testimonio, el lugar habría sido un cementerio clandestino del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) y un sitio de adiestramiento guerrillero. Estas afirmaciones señalan que lo ocurrido fue un enfrentamiento armado entre la guerrilla y el ejército que afectó parte del cantón. Sin embargo, la Comisión de la Verdad desmintió categóricamente estas declaraciones.

La tragedia no se limitó exclusivamente a El Mozote. Otros cantones cercanos como Los Toriles y Ranchería también fueron afectados por los operativos militares. Además, circularon versiones no esclarecidas sobre intentos de civiles de envenenar a militares, alegatos que permanecen en la nebulosa de una historia aún por completarse.

El ERP, que controlaba parte de la zona oriental del país durante ese período, ha sido mencionado en diferentes narrativas sobre los acontecimientos, aunque la responsabilidad de la masacre ha sido atribuida principalmente a miembros del ejército salvadoreño.

Los responsables señalados y la búsqueda de justicia

La Comisión de la Verdad identificó a los coroneles Domingo Monterrosa y Natividad de Jesús López como principales responsables de la masacre. Estos señalamientos se sustentaron en parte en las declaraciones de Rufina Amaya, la sobreviviente más destacada de la tragedia, quien relató su testimonio hasta su fallecimiento en 2007. Su voz se convirtió en el eco de las mil voces silenciadas, y sus palabras han sido fundamentales para mantener viva la memoria de lo ocurrido.

En la actualidad, se ha iniciado un proceso judicial que, sin embargo, ha enfrentado múltiples obstáculos. El juez Álvaro Durán, quien inicialmente llevaba el caso, fue removido de su cargo, aunque el expediente permanece abierto. Las audiencias han avanzado con lentitud considerable, reflejando las dificultades inherentes a juzgar crímenes de guerra décadas después de su ocurrencia.

Durante el proceso judicial han sido citados ex coroneles, sobrevivientes y familiares de las víctimas. El juez Durán solicitó acceso a los archivos militares que podrían contener información crucial sobre los acontecimientos, pero estas peticiones han sido sistemáticamente denegadas, obstaculizando la investigación.

La nueva jueza a cargo del caso ha mencionado como posibles sospechosos de encubrimiento al expresidente Alfredo Cristiani, al excandidato presidencial Rubén Zamora, y a exdiputados de la Asamblea Legislativa.

Estos señalamientos han generado pronunciamientos internacionales, evidenciando que la búsqueda de justicia por El Mozote trasciende las fronteras salvadoreñas y se ha convertido en un asunto de interés para la comunidad internacional de derechos humanos.

El cine como vehículo de memoria histórica

“Luciérnagas en El Mozote” se inscribe en una tradición cinematográfica latinoamericana que utiliza el séptimo arte como herramienta de memoria y reconciliación. La película no solo busca recrear los hechos históricos, sino también humanizar a las víctimas y contextualizar la masacre dentro del complejo entramado de la guerra civil salvadoreña.

El título de la obra evoca una imagen poética que contrasta con la brutalidad de los acontecimientos narrados. Las luciérnagas, pequeñas portadoras de luz en la oscuridad, simbolizan quizás la esperanza de verdad y justicia que persiste a pesar del paso del tiempo, o las vidas que brillaron brevemente antes de ser extinguidas en aquellos días de diciembre.

Con un presupuesto de un millón de dólares, la producción representa una inversión significativa para el cine salvadoreño, tradicionalmente caracterizado por recursos limitados. Este apoyo financiero, proveniente tanto del sector público como privado, demuestra un compromiso institucional con la preservación de la memoria histórica a través del arte cinematográfico.

El estreno en diciembre de 2025, cuarenta y cuatro años después de los hechos, coincide simbólicamente con el aniversario de la masacre, una decisión que subraya la intención de la película de servir como acto de conmemoración y recordatorio. En una época donde la memoria histórica enfrenta constantemente el riesgo del olvido, iniciativas como esta película cobran especial relevancia.

Un debate inconcluso

“Luciérnagas en El Mozote” llega a las pantallas en un momento donde El Salvador continúa procesando su pasado conflictivo. La película no pretende cerrar el debate sobre lo ocurrido, sino más bien abrirlo a nuevas generaciones que no vivieron la guerra civil pero heredan sus consecuencias.

La obra de Melara, Vega, Suvari y el resto del equipo artístico se suma a los esfuerzos de documentalistas, periodistas, académicos y activistas que durante décadas han trabajado por mantener viva la memoria de El Mozote. Mientras los procesos judiciales avanzan con dificultad y los archivos militares permanecen cerrados, el cine se convierte en un espacio alternativo donde la historia puede ser contada, cuestionada y conmemorada.


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